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dc.rights.licensehttps://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.5/ar/es_AR
dc.contributor.authorRoss, Kristines_AR
dc.date.accessioned2022-10-18T20:21:50Z
dc.date.available2022-10-18T20:21:50Z
dc.date.issued2004
dc.identifier.urihttps://repositorio.utdt.edu/handle/20.500.13098/11375
dc.description.abstractEn la segunda película de Claude Chabrol, Les Cousins (1959), un joven provinciano llega a París para estudiar Derecho y comparte un departamento con un cínico, mundano y «nietzscheano» primo. Mientras su vicioso primo lleva una vida social frenética, el muchacho del campo pasa la mayor parte del tiempo en su habitación escribiendo cartas tiernas y descriptivas a su madre en el pueblo; momentáneamente agotado de esto, decide leer a Balzac. El dueño de la librería está tan contento con su elección («todos los demás sólo quieren leer pornografía y novelas de detectives») que le regala una copia de Ilusions perdues. Françoise Giroud, una de las figuras claves detrás de la proliferación de revistas femeninas en los años cincuenta en Francia, recuerda en sus memorias cómo ella y la cofundadora de la revista Elle, Hélène Lazareff, imaginaron a la lectora ideal de su nueva revista cuando el primer número llegara a los kioscos. Esa lectora imaginada por el staff de Elle era más bien joven, entre los veinticinco y los treinticinco, cansada de las privaciones de los tiempos de guerra, necesitada de frivolidad y habitante de Angoulême. ¿Por qué Angoulême? No me acuerdo, dice Giroud. Tal vez por Rastignac.es_AR
dc.format.extentp. 74 - 79es_AR
dc.format.mediumapplication/pdfes_AR
dc.languagespaes_AR
dc.rightsinfo:eu-repo/semantics/openAccesses_AR
dc.titleAutos veloces, cuerpos limpioses_AR
dc.typeinfo:eu-repo/semantics/articlees_AR
dc.type.versioninfo:eu-repo/semantics/acceptedVersiones_AR


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